viernes, 12 de febrero de 2010

EL HEREDERO

Érase una vez, de acuerdo con la leyenda, que un reino europeo estaba regido por un rey muy cristiano, y con fama de santidad, que no tenía hijos.
El monarca envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos y aldeas de sus dominios. Este decía, que cualquier joven que reuniera los requisitos exigidos para aspirar a ser posible sucesor al trono, debería solicitar una entrevista con el Rey.

Esos dos requisitos que se exigían a todo candidato eran:
Amar a Dios.
Amar a su prójimo.
En una aldea muy lejana, un joven leyó el anuncio real y reflexionó sobre si él cumplía esos requisitos, y vio que sí, pues amaba a Dios, a sus familiares, amigos, vecinos e, incluso, a sus enemigos. Pero solo una cosa podía impedirle ir, pues era tan pobre que no contaba con un vestido digno para presentarse ante el santo monarca y carecía también de los fondos necesarios para adquirir las provisiones necesarias para tan largo viaje hasta el castillo real.
Pero de todas maneras estaba dispuesto a pasar sobre cualquier obstáculo, por ello su pobreza no sería un impedimento para conocer a tan afamado y santo rey. Así que trabajó de día y noche, ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente para el viaje, vendió sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas, las provisiones necesarias y emprendió el viaje.
Algunas semanas después, habiendo agotado casi todo su dinero y estando casi a las puertas de la ciudad, se acercó a un pobre mendigo que tiritando de frío y cubierto sólo por harapos tendía su mano e imploraba con una débil y ronca voz:
- Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme... ¡por favor!
- El joven quedó tan conmovido ante el mendigo, que de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y de su abrigo y después de vestirlo con ellas, tomando los harapos de éste se vistió con ellos y sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba y siguió su camino.
Pero no había acabado de cruzar los umbrales de la ciudad, cuando una mujer con dos niñas tan pobres y sucias como ella, se le acercó y agarrándole la mano le suplicaba:

- ¡Mis niñas tienen hambre y yo no tengo trabajo, ¡ayúdenos, por favor!

Sin pensarlo dos veces, el joven se sacó el anillo del dedo y la cadena de oro del cuello y junto con el resto de las provisiones se los entregó a la pobre mujer.
Entonces, en forma titubeante, continuó su marcha hacia al castillo vestido con harapos y carente de provisiones para regresar a su aldea.
A su llegada al castillo, fue recibido por un asistente del Rey que le acompañó hasta un grande y lujoso salón y después de una breve pausa, por fin fue admitido a la sala del trono.

El joven se inclinó ante el monarca, pero cuál no sería su sorpresa cuando al alzar los ojos se encontró con los del Rey.
Atónito y sin poder apenas pronunciar palabra dijo:
-¡Usted es el mendigo que encontré cerca de la ciudad, Majestad.
En ese mismo instante entró en el salón una asistenta y dos niñas, trayéndole agua al cansado viajero, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula y exclamó:
- ¡Ustedes son las que estaban a la puerta de la ciudad!
- Sí, —replicó el Soberano con una amplia sonrisa— yo era ese mendigo, y mi fiel asistenta y sus hijas las pobres a las que ayudaste.
Después de ganar un poco de confianza, le dijo tartamudeando mientras tragaba saliva:
- Pero... pe... pero... ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso majestad?
- Porque necesitaba descubrir si tus intenciones son auténticas, si es auténtico tu amor a Dios y a tu prójimo —dijo el Monarca—. Sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y actuar no siendo sincero en tus actos ni en tus motivaciones, de ese modo me hubiera resultado imposible descubrir lo que realmente hay en tu corazón. Como mendigo no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que habiendo superado la prueba, eres el único digno de ser mi heredero.
- ¡Tú serás mi heredero! —Sentenció el Rey— ¡Tú heredaras mi reino!

También Jesús Rey y Señor, se cruza muchas veces en el camino de nuestra vida, muchas veces "disfrazado"... Y también Él solo pide que cumplan dos requisitos los que con Él están llamados y quieran heredar su Reino: Amar a Dios y Amar al prójimo; en estos dos Mandamientos están resumidos todos los demás. Pero para vivirlos en plenitud, hay que aprender a asemejarse a este Rey a través del conocimiento de sus palabras y de sus hechos: para vivir como Él, con Él y después poder "reinar" con Él en el Reino de su Padre por toda la eternidad...

domingo, 24 de enero de 2010


Despierta Papá, Mamá ¡despierta!...


DESPIERTA PAPÁ DESPIERTA Parece que los padres estamos fallando en el proceso de separación, individualidad y ayuda a los hijos a crear su propia independencia. A eso se le podría llamar COMPLEJO DE PAPA GALLINA.

Es curioso, lo que pasa es que confundimos lo que es el amor y nos dedicamos a hacer felices a nuestros hijos, a cumplirles sus caprichos, a resolverles la vida y no pensamos en prepararlos para una vida dura, así que nuestros hijos nunca aprenderán a ganarse la vida y a ser autosuficientes. A eso se le llama hacerlos DEPENDIENTES E INUTILES.

Cada día los hijos pretextan su ayuda en las labores del hogar alegando que su única responsabilidad es el estudio, pero lo demás depende totalmente de sus padres. A eso se le llama ser MANTENIDO.

En aras de una felicidad mal entendida queremos llenarlos de cosas materiales, se les compra la mejor ropa o los tenis mas caros, estudian en escuelas particulares, dinero para las discotecas, dinero para sus gastos, un carro si es posible, sin mencionar otros “compromisos económicos que ellos hacen”; los cuales no se ganan y lo más grave ellos piensan que es tu obligación. A eso se le llama ALCAHUETERIA.

Te sacrificas en todos los sentidos para que tus hijos tengan lo mejor y nunca les quedas bien y lo que recibes por parte de ellos es: EXIGENCIAS Y EGOISMO. Les hemos dado tanto, que se creen Merecedores de todo. No te piden… TE EXIGEN.

Les hemos dado tanta atención que se sienten el centro del universo, cargados de egoísmo creen que el mundo debe de girar a su alrededor y que lo único valioso, importante y primordial, son ellos. No les hacemos conciencia de su papel como individuos responsables. Si yo como padre cumplo con el compromiso de cubrir sus necesidades personales, de salud y escolares…. Ellos tienen que cumplir con el compromiso de sacar buenas calificaciones y colaborar en el hogar. ¿Qué está pasando con las nuevas generaciones? Si miramos un poco hacia atrás y revisamos los años lejanos o cercanos a nuestra juventud, todo era muy diferente. No tenías teléfono celular… y no pasaba nada. No tenías computadora… y te fletabas a mano. Te conformabas con la ropa que te podían comprar y no por eso te sentías diferente ni descalificado por no usar la marca X ó Z. Si te llamaban la atención, te negaban un permiso o te daban un coscorrón, de ninguna manera le faltabas el respeto a tu papá, ni mucho menos lo amenazabas. Si te ibas a una tardeada, fiesta o reunión, te comprometías a regresar a una hora determinada, que tenías que cumplir te gustara o no, de lo contrario no había permiso para la siguiente. Y eso no era motivo para emitir gritos, zapatazos y azotones de puerta, chantajes o tener durante una semana sonrisas fingidas o caras molestas. En ese tiempo existía un valor muy importante que nos enseñaron desde pequeños, se llamaba: RESPETO.

Ahora no se conoce, no existe, no sabemos en que lugar estará o detrás de que mueble lo escondimos para que nuestros hijos no lo encuentren y mucho menos lo practiquen. Había valores que eran preponderantes: uno era el orden, el otro la disciplina y otro la obediencia. Hoy en día, algunos padres no ayudan a la tarea, si no que la hacen completa, y habiendo tanto libro e información a la mano, además te la buscan, lo único que les falta es ir a presentar el examen en el salón de clase. Y todo este circo para que el chico no haga berrinche y no sufra una deshidratación a causa de sus lágrimas y lo más triste ….. “para mantener la paz social en el hogar”, donde la solvencia y la autoridad de los padres hace mucho tiempo no existen. Y qué decimos del hogar, donde para evitar conflictos y discusiones, como ya no funciona aquel estribillo de: Jorgito a la una, Jorgito a las 2, Jorgito a las dos y cuarto como si fuéramos reloj. O el clásico "voy a contar hasta diez“ va una, van dos... Nos convertimos en el cómplice de nuestros hijos. Eso sí, con la boca callada para no caerles gordos con tanta habladera y no les permitimos a nuestros niños que se desgasten ni siquiera recogiendo sus propios tiraderos. Total para qué (pensamos), ellos por qué, si no tienen culpa alguna de mis problemas, ellos no pidieron nacer. En aquellos tiempos no te sobreprotegían, ni te solucionaban los problemas, tenías libertad hasta para cometer errores, lo cual te llevó a desarrollar un sentido de responsabilidad y de identidad. Eso se llama CRECER.

Dentro de este proceso de crecimiento no estaban exentos un coscorrón, un cinturonazo o una que otra nalgada bien puesta, mismas que a nadie le ocasionó ningún trauma, por tratar de que obedecieras, En aquellos tiempos la voz de tu padre se escuchaba con respeto, las órdenes de mamá se acataban sin protestar y los consejos de ellos no eran catalogados como cantaletas, rollos o monsergas. Ni le decías a tu papá "ya cállate“ o el famoso “si, hombre, si” En aquellos tiempos los padres ponían los límites, las reglas y las condiciones y no tenían miedo de que el hijo o la hija les dijeran: es que aquí no me comprenden, la onda es diferente, no me dejan ser, tu no te metas, tu de que hablas, tu eres peor, o el típico "me voy de la casa“ ¿Pues adonde te ibas a ir que te trataran mejor que en tu casa? En aquellos tiempos los padres no tenían miedo de llamarte la atención y "que te enojaras". Total que tenías dos costos enojarte y volverte a contentar. En aquellos tiempos si no querías comer, te quedabas con hambre, porque no te daban dinero para comprar porquerías en la tienda de la esquina. Además para qué, si la mamá se levantaba temprano a prepararte el desayuno o tu lunch. En aquellos tiempos tus padres no justificaban tus malas calificaciones, ni tu mal comportamiento en la escuela, ni la falta de respeto a los maestros, ni tu falta de colaboración y apoyo en tu casa. En aquellos tiempos el padre decía no. Y no, quería decir NO.

En aquellos tiempos la figura paterna era muy diferente a la actual, en aquellos tiempos el amor, el respeto y la consideración… No daban cabida a los actuales calificativos: Mi papá está loco, ya está chocho, es un egoísta, está neurótico, es un frustrado, y quien sabe cuántos calificativos más. Mismos que me causan una gran pena, no sé si por quien los emite o por quien los recibe. ¿Qué vamos a hacer con los hijos de hoy?: Egoístas, aprovechados, dependientes, irresponsables, irrespetuosos, groseros, estafadores económicos y emocionales. Si no les das dinero, inventan y te lo sacan o si pueden te lo roban, o de plano se enojan. Si no les das permiso de salir, se enojan o les vale un verdadero sorbete y se salen. Si los reprendes te responden y no te escuchan, Si tratas de buscarlos, te apagan el celular. Si sacan malas calificaciones, no les importa, total su papá es el que paga. Enséñales a ganar su propio dinero con honestidad, para que sepan lo que cuesta administrarlo y disfrutarlo Enséñales a valorar la oportunidad del estudio, no todas las personas tienen el privilegio de prepararse, tener una profesión y formar un plan de vida equilibrado. Enséñales a respetar a sus semejantes para que cuando tengan su pareja la sepan cultivar y procurar. La igualdad entre hombres y mujeres no es faltarse al respeto, ni tener jerarquías ventajosas. Enséñales a formar su escala de valores que los harán seres humanos de bien, útiles a su familia y a la sociedad. Hazles conciencia que los valores no han pasado de moda ni son piezas de museo. Enséñales a quererse a sí mismos para que cuando tengan sus hijos, los amen y eduquen. Para que tengan credibilidad en la relación de pareja. Piensa… ¿Qué vas a querer a cambio de un abrazo? Despierta PAPÁ Despierta.

Vamos a ponernos las pilas, hagamos de nuestra escala de valores un estandarte, para que nuestros hijos aprendan lo que es el respeto, el compromiso, la honestidad, la humildad, la cortesía, la prudencia, la generosidad, el agradecimiento; y la nobleza de corazón… Que los hará unos seres humanos de excelencia DESPUES DE TODO NO ES TAN DIFICIL PRUEBA Y VERAS.

Como se mide la vida.


La vida no se mide anotando puntos, como en un juego.
La vida no se mide por el número de amigos que tienes, ni por cómo te aceptan los otros.
No se mide según los planes que tienes para el fin de semana o por si te quedas en casa sólo.
No se mide según con quién sales, con quién solías salir, ni por el número de personas con quienes has salido, ni por si no has salido nunca con nadie.
No se mide por las personas que has besado.
No se mide por la fama de tu familia, por el dinero que tienes, por la marca de coche que manejas, ni por el lugar donde estudias o trabajas.
No se mide ni por lo guapo ni por lo feo que eres, por la marca de ropa que llevas, ni por los zapatos, ni por el tipo que música que te gusta.
La vida simplemente no es nada de eso.
La vida se mide según a quién amas y según a quién dañas.
Se mide según la felicidad o la tristeza que proporcionas a otros.
Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas.
Se trata de la amistad, la cual puede usarse como algo sagrado o como un arma.
Se trata de lo que se dice y lo que se hace y lo que se quiere decir o hacer, sea dañino o benéfico.
Se trata de los juicios que formulas, por qué los formulas y a quién o contra quién los comentas.
Se trata de a quién no le haces caso o ignoras adrede.
Se trata de los celos, del miedo, de la ignorancia y de la venganza.
Se trata del amor, el respeto o el odio que llevas dentro de ti, de cómo lo cultivas y de cómo lo riegas.
Pero por la mayor parte, se trata de sí usas la vida para alimentar el corazón de otros.
Tú y solo tú escoges la manera en que vas a afectar a otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida.
Hacer un amigo es una gracia.
Tener un amigo es un don.
Conservar un amigo es una virtud.
Ser un amigo es un honor.
AUNQUE NADIE HA PODIDO REGRESAR ATRAS Y HACER UN NUEVO COMIENZO, CUALQUIERA PUEDE RECOMENZAR AHORA Y HACER UN NUEVO FINAL.

Amigo




Por esta razón, me he tomado la libertad de crear uno de tantas presentaciones que nos hacen recordar a Dios y hacer una pequeña oración… En lo ajetreado de nuestros días frecuentemente olvidamos elevar una plegaria al Señor, pero generalmente no olvidamos checar nuestro email. No te apures… solo tomará unos minutos. Amigo, Ayúdame a decir la palabra de la verdad en la cara de los fuertes, y a no mentir para congraciarme el aplauso de los débiles. Dios Mío… Si me das dinero, no tomes mi felicidad, y si me das fuerzas, no quites mi raciocinio. Si me das éxito no me quites la humildad si me das humildad, no quites mi dignidad. Ayúdame a conocer la otra cara de la imagen, y no me dejes acusar a mis adversarios, tachándoles de traidores porque no comparten mi criterio. Enséñame a amar a los demás como me amo a mí mismo, y a juzgarme como lo hago con los demás. No me dejes embriagar con el éxito cuando lo logre, ni desesperarme si fracaso. Más bien, hazme siempre recordar que el fracaso es la prueba que antecede al éxito. Enséñame que la tolerancia es el más alto grado de la fuerza y que el deseo de venganza es la primera manifestación de la debilidad. Si me despojas del dinero, déjame la esperanza, y si me despojas del éxito, déjame la fuerza de voluntad para poder vencer el fracaso. Si me despojas del don de la salud déjame la gracia de la fe. Si hago daño a la gente, dame la fuerza de la disculpa, y si la gente me hace daño, dame la fuerza del perdón y la clemencia. Dios mío... ¡ tú no te olvides de mí ! Amén si yo me olvido de ti.
MAHATMA GANDHI


Boleta de calificaciones


Era miércoles, 8:00 a. m., llegue puntual a la escuela de mi hijo. - No olviden venir a la reunión, es obligatoria - fue lo que la maestra había dicho un día antes. - ¡Pues qué cree la maestra! ¿Qué cree que podemos disponer del tiempo a la hora que ella diga? Si supiera qué importante era la reunión que tenía a las 8:30 A.M... de aquí dependía un buen negocio y... ¡tuve que cancelarla! Ahí estábamos todos, papás y mamás, la maestra empezó puntual, agradeció nuestra presencia y empezó a hablar. No recuerdo qué dijo, mi mente estaba pensando cómo resolver lo de ese negocio, probablemente podríamos comprar esa nueva televisión con el dinero que recibiría. - Juan Rodríguez!... escuché a lo lejos. ¿No está el papá de Juan Rodríguez? dijo la maestra. -Sí aquí estoy- contesté pasando a recibir la boleta de mi hijo. Regresé a mi silla y me dispuse a verla. - ¿Para esto vine? ¿Qué es esto?..- La boleta estaba llena de seises y sietes. Guardé las calificaciones inmediatamente, escondiéndola para que ninguna persona viera las porquerías de calificaciones de mi hijo. De regreso a casa aumentó más mi coraje a la vez que pensaba...., ¡si le doy todo! ¡Nada le falta ¡Ahora sí le va a ir muy mal!... Me estacioné y salí del carro, entré a la casa, azoté la puerta y grité ...¡Ven acá Juan! Juan estaba en su recamara y corrió a abrazarme. - ¡Papá!... - ¡Qué papá ni que nada!- Lo retiré de mí, me quité el cincho y no sé cuantos golpes le di, al mismo tiempo que decía lo que pensaba de él. ¡¡¡¡ Y te me vas a tu cuarto!!! - terminé. Juan se fue llorando, su cara estaba roja y su boca temblaba. Mi esposa no dijo nada, sólo movió la cabeza negativamente y se fue a la mesa a escribir. Cuando me fui a acostar, ya más tranquilo, mi esposa me entregó la boleta de calificaciones de Juan, que estaba dentro de mi saco y me dijo - Léele despacio y después toma tu decisión- Ésta decía así... BOLETA DE CALIFICACIONES "PARA EL PAPÁ" Tiempo que le dedicas a tu hijo - Calificación 1. En conversar con él a la hora de dormir 6. 2. En jugar con él 6. 3. En ayudarlo a hacer la tarea 6. 4. En salir de paseo en Familia 7. 5. En contarle un cuento antes de dormir 6. 6. En abrazarlo y besarlo 6. 7. En ver la televisión con él 7 El me había puesto seises y sietes, yo me hubiera calificado con menos de cincos. Me levanté y corrí a la recamara de mi hijo, lo abracé y lloré..., Quería regresar el tiempo, pero era imposible. Juanito abrió sus ojos, aún estaban hinchados por sus lágrimas, me sonrió, me abrazó y me dijo: ¡te quiero papá! Cerró sus ojos y se durmió. Ojalá este relato, que no es extraño para muchos de nosotros, sea ese REMEDIO, que nos haga despertar y darle el VALOR a lo que realmente es de valor para nosotros Hay que sonreír, porque tenemos vida, hay que estar alegres porque se nos concede un año más, tal vez sea el momento de cerrar los ojos, decir gracias y pedir fuerzas para fortalecer nuestra armadura y remover asperezas que en ella se quedaron, es el momento de decir al enemigo con una sonrisa "hola" y a mis amigos les mando un gran abrazo, Dios bendiga lo que se fue y nos cuide de lo que viene.

martes, 19 de enero de 2010


EL SACO DE PLUMAS


Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado. Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo: Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?´, a lo que el hombre respondió: Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas. El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo: Ya he terminado, a lo que el sabio contestó: ´Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas. El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna. Al volver, el hombre sabio le dijo: Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste. Cometer errores es de humanos y de sabios pedir perdón´.

ANTES DE QUE ELLOS CREZCAN




Hay un período cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos. Los niños crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y, a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días de igual manera, crecen de repente. Un día se sientan cerca contigo en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad que sientes que no puedes más ponerle pañales a aquella criatura. ¿Dónde fue que anduvo creciendo aquella insignificancia que no lo percibiste? ¿Dónde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestecitas de cumpleaños con payasos, los juguetes preferidos?... El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil. Ahora estás allí, en la puerta de la discoteca, esperando que él/ella no sólo crezca, sino aparezca. Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos. Allá están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas, con el uniforme de su generación e incómodas mochilas de moda en los hombros. Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos. Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes de los vientos, de las cosechas, de las noticias y de la dictadura de las horas. Ellos crecieron medio amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos. Principalmente con los errores que esperamos no repitan. Hay un período en que los padres quedan un poco huérfanos de los propios hijos... ya no buscan más que las puertas de las discotecas y de las fiestas. Pasó el tiempo del piano, el ballet, el inglés, la natación y el kárate... Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas. Hubiéramos ido más junto a su cama al anochecer, para oír su alma respirando conversaciones y confidencias entre las sábanas de la infancia, y a los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías, pósters, agendas coloridas y discos ensordecedores.
No los llevamos suficientemente al cine, a los juegos, no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas, no les compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles. Ellos crecieron, sin que agotáramos con ellos todo nuestro afecto. Al principio fueron al campo o fueron a la playa entre discusiones, galletitas, congestionamiento, navidades, pascuas, piscinas y amigos. Sí, había peleas dentro del auto, la pelea por la ventana, los pedidos de chicles y reclamos sin fin. Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, pues era imposible dejar el grupo de amigos y primeros enamorados. Los padres quedaban exiliados de los hijos. Tenían la soledad que siempre desearon, pero de repente, morían de nostalgia de aquellas pestes. Llega el momento en que sólo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y rezando mucho (en ese tiempo, si nos habíamos olvidado, recordamos cómo rezar) para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la conquisten del modo más completo posible. El secreto es esperar... En cualquier momento nos pueden dar nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos, y que no puede morir con nosotros. Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño. Los nietos son la última oportunidad de reeditar nuestro afecto. Por eso es necesario hacer algunas cosas adicionales... ¡¡¡Antes de que ellos crezcan!!!


PD: Así es. Las personas aprenden a ser hijos sólo después que se convierten en padres y aprenden a ser padres después de convertirse en abuelos... En fin... ...Sólo aprendemos a vivir después de que ya no tenemos más vida.

AMAR ES UNA DECISIÓN


Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y sólamente le dijo una palabra: Ámela. Luego, calló. - Pero es que ya no siento nada por ella, replicó el hombre. - Ámela, repuso el sabio. Y ante el desconcierto del señor, después de un oportuno silencio, agregó lo siguiente: Amar en un decisión, no un sentimiento; amar es dedicación y entrega. Amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor. El amor es un ejercicio de jardinería: Arranque lo que hace daño, prepare el terreno, siembre, sea paciente, riegue y cuide. Esté preparado porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvia, mas no por eso abandone su jardín. Ame a su pareja: acéptela, valórela, respétela, déle afecto y ternura, admírela y compréndala. Eso es todo, ámela.

¿ÁGUILA O POLLO?


Érase una vez un hombre, que mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho. Se lo llevó a su casa y lo puso en un corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a conducirse como estos. Un día un naturalista que pasaba por allí le preguntó al propietario porqué razón un águila, el rey de todas las aves y los pájaros, tenía que permanecer encerrada en el corral con los pollos.-Como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser pollo, nunca ha aprendido a volar- respondió el propietario-. Se conduce como los pollos, y por tanto, ya no es un águila.-Sin embargo- insistió el naturalista- tiene corazón de águila y, con toda seguridad, se le puede enseñar a volar.Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila volara. El naturalista la tomó en sus brazos suavemente y le dijo: Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre las alas y vuela.El águila, sin embargo, estaba confusa; no sabía qué era y, al ver a los pollos comiendo, saltó y se reunió con ellos de nuevo.Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al águila al tejado de la casa y le animó diciéndole: ´Eres un águila. Abre las alas y vuela. Pero el águila tenía miedo de su yo y del mundo desconocido y saltó una vez más en busca de la comida de los pollos.El naturalista se levantó temprano al tercer día, sacó al águila del corral y la llevó a una montaña. Una vez allí, alzó al rey de las aves y le animó diciendo: ´Eres un águila. Eres un águila y perteneces tanto al cielo como a la tierra. Ahora, abre las alas y vuela.El águila miró alrededor, hacia el corral, y arriba, hacia el cielo. Pero siguió sin volar. Entonces, el naturalista la levantó directamente hacia el sol; el águila empezó a temblar, a abrir lentamente las alas y finalmente, con un grito triunfante, se voló alejándose en el cielo. Es posible que el águila recuerde todavía a los pollos con nostalgia; hasta es posible que, de cuando en cuando, vuelva a visitar el corral. Que nadie sepa, el águila nunca ha vuelto a vivir vida de pollo. Sin embargo, fue un águila, pese a que fue mantenida y domesticada como un pollo.Esta parábola refleja muy bien la situación de cada uno de nosotros y del hombre de hoy. Este ha perdido su identidad y el sentido de la vida. ¿Quién es el hombre? ¿Cuál es el sentido de su vida? ¿Quién soy yo? La respuesta no es fácil ¿Soy águila o soy pollo? Mi conciencia me dice lo primero, mi forma de vida tal vez lo segundo. Como el aguilucho, el hombre ha perdido identidad. A fuerza de vivir en el corral y de comer la comida de los pollos, ha traicionado su verdadera esencia y se ha rebajado. Ya no sabe lo que es. Ha perdido el sentido de la actividad y de su vida.El hombre, como el águila, es el rey de la creación. Posee un corazón grande capaz de anhelar lo sublime. Tiene alas para perseguir lo más alto. Sin embargo, se ha encarcelado en el corral; la sociedad de consumo lo tiene atrapado en sus fauces voraces. Y es que es mucho más fácil y placentero ser pollo que águila. El pollo posee la seguridad del corral, la comodidad de las rejas que delimitan su espacio, el cuidado de su amo, la tranquilidad del alimento asegurado, la protección frente a las vicisitudes de la vida. El águila, sin embargo, debe asumir el riesgo de moverse en un espacio sin límites, tiene que estar alerta para no caer en manos del cazador que la convertiría en trofeo de caza o en pieza de museo, tiene que luchar frecuentemente en la soledad y en un ambiente adverso, por proteger y defender su vida de quienes quieren someter. Pero el pollo ha perdido su libertad, la ha entregado a cambio de unos granos de trigo que llenen su buche hambriento, es explotado y sometido al sucio mercado de la compra y venta. El águila en cambio, es libre, sus alas le permiten surcar los cielos y explorar horizontes siempre nuevos.¡Que triste es ver al hombre, como el aguilucho, en el corral comiendo la comida de los pollos y llevando la vida de estos, cuando su corazón y su mente están hechos para cosas más grandes.La tarea no es fácil; en parte, porque estamos convencidos de ser pollos o porque no conocemos cuál es realmente nuestra identidad; en parte, porque nuestros amos, la comodidad, la dependencia y el consumismo, no nos dejan salir. Sentiremos miedo, indecisión; tendremos que luchar contra la inercia, que una y otra vez tratará de devolvernos al corral. Únicamente el aire limpio de la montaña y la contemplación de ideales tan nobles y altos como el sol, podrán desplegar nuestras alas y hacer cantar el grito triunfante de la liberación.Recordaremos con nostalgia nuestra vida de pollos y sufriremos la tentación de volver al corral. Pero quien realmente descubre su vocación a la libertad y encuentra un claro sentido de su vida, jamás dará un paso atrás en su decisión de llevar una existencia auténticamente humana.

AGUANTA UN POCO MAS


Se cuenta que en Inglaterra había una pareja que gustaba de visitar laspequeñas tiendas del centro de Londres. Al entrar en una de ellas se quedaronprendados de una hermosa tacita. ¿Me permite ver esa taza? preguntó la señora,¡nunca he visto nada tan fino! En las manos de la señora, la taza comenzó a contar su historia: Usted debesaber que yo no siempre he sido la taza que usted está sosteniendo. Hace muchotiempo yo era solo un poco de barro. Pero un artesano me tomó entre sus manos y me fue dando forma. Llegó el momento en que me desesperé y le grité: ¡Porfavor..ya déjeme en paz! Pero mi amo sólo me sonrió y me dijo: Aguanta un pocomás, todavía no es tiempo. Después me puso en un horno. ¡Nunca había sentido tanto calor! Toqué a lapuerta del horno y a través de la ventanilla pude leer los labios de mi amo queme decían: Aguanta un poco más, todavía no es tiempo.Cuando al fin abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero, apenasme había refrescado, me comenzó a raspar, a lijar. No se cómo no acabó conmigo.Me daba vueltas, me miraba de arriba a abajo. Por último me aplicómeticulosamente varias pinturas. Sentía que me ahogaba. Por favor déjame enpaz, le gritaba a mi artesano; pero él solo me decía: aguanta un poco más,todavía no es tiempo. Al fin, cuando pensé que había terminado aquello, me metió en otro horno, muchomás caliente que el primero. Ahora si pensé que terminaba con mi vida. Le roguéy le imploré a mi artesano que me respetara, que me sacara, que si se habíavuelto loco. Grité, lloré; pero mi artesano sólo me decía: Aguanta un poco más,todavía no es tiempo.Me pregunté entonces si había esperanza. Si lograría sobrevivir aquellostratos y abandonos. Pero por alguna razón aguanté todo aquello. Fue entoncesque se abrió la puerta y mi artesano me tomó cariñosamente y me llevó a unlugar muy diferente.Era precioso. Allí todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de arte, resplandecían como solo ocurre en los sueños. No pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en una fina tienda y ante mi había un espejo. Una de esas maravillas era yo. ¡No podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo! mí artesano entonces me dijo: Yo se que sufriste al ser moldeada por mis manos, mira tu hermosa figura. Se que pasaste terribles calores, pero ahora observa tu sólida consistencia, se que sufriste con las raspadas y pulidas, pero mira ahora la finura de tu presencia. Y la pintura te provocaba nauseas, pero contempla ahora tu hermosura. Y, ¿si te hubiera dejado como estabas? ¡Ahora eres una obra terminada! ¡Lo que imaginé cuando te comencé a formar!.Querido hermano que lees. Tú eres una tacita en las manos del mejor alfarero: Dios. Confíate en Sus amorosas manos aunque muchas veces no comprendas por qué permite tu sufrimiento.